domingo, 10 de mayo de 2015

Japo tradicional parte 2


Takayama era mucho mas de lo que esperábamos. El pueblo es precioso, esta rodeado de vegetación, montañas, mucho verde y casitas mas tradicionales, sobre todo en las callecitas que están rodeando el río Setogawa, donde se concentra el comercio local que va desde loza, telas, adornos y monos japos hasta sake y comidas con caritas y colores, demasiado exótico todo!!!! Y lo principal, la venta de Sarubobo, que significa "mono bebe" y que viene siendo como la mascota oficial de la zona. Lo divertido es que encuentras Sarubobos en todos los colores, tamaños y formas, en distintos accesorios, elementos de aseo, de cuidado personal, loza, peluches, cartas, papelería, dulces, telas y cuanta cosa se les ocurra, algo que es demasiado típico japonés, y que tiene que ver con lo buenos coleccionistas que son.

El día empezó con una pequeña lluvia que, por suerte, no se extendió mas allá de las 12:00. En la mañana aprovechamos el tiempo que teníamos para desayunar y recorrer el Morning Market de Takayama, donde te venden de todo a precios un poco mas elevados que en otros lados, porque es una zona muy turística y le sacan el jugo a los rubios visitantes.

A eso de las 13:00 tomamos el tour a uno de los lugares mas interesantes de nuestro recorrido: Shirakawago, una zona muy turística donde existe una pequeña villa de casitas tradicionales japonesas metidas entremedio de la naturaleza. Un paisaje realmente hermoso y único. El viaje estuvo increíble, disfrutamos cada detalle, pudimos ver la aldea desde el mirador y luego recorrer las callecitas del pueblito e incluso entrar en una de las casitas Gassho, que reciben su nombre por la forma que tienen, tal como el gesto que hacen los japos y muchas religiones al rezar (juntando las palmas).

El recorrido duro cerca de una hora y media y es absolutamente recomendable, pero bastante caro. De hecho, es el tour mas caro que hemos tomado (cerca de 20 mil pesos chilenos) pero valió completamente la pena.

Al volver, seguimos recorriendo Takayama pero como eran cerca de las 18:00 nos encontramos con casi todos los locales cerrados por lo que decidimos buscar un lugar donde comer, el que también salió carísimo, pero estaba muuy rico para terminar el día de excursión.

Al llegar al hotel, nos pegamos un infaltable baño de tina a mil grados, para quedar flopis para ir a la camita, que a todo esto es demasiado cómoda, aun cuando está prácticamente sobre el suelo. Estos locos japos si que saben.




Japo tradicional parte 1


El día empezó con el viaje tempranito a Gifu. La única lata de esta jornada era que teníamos que andar con las mochilas todo el tiempo porque no teníamos planeado alojar ahí, pero como la suerte ha estado de nuestro lado, logramos dejar las mega mochilas en unos lockers que estaban en la misma estación de trenes donde después tomaríamos rumbo hacia Takayama, demasiado perfecto!!

Así que empezamos el tour mucho mas cómodos con nuestras mini mochilas rumbo a nuestra primera parada del día: el gran Daibutsu de Gifu, un Buda que -a diferencia del anterior- esta al interior de un templo y su majestuosidad es incluso mas impresionante que el de Kamakura, porque esta construido inclinado hacia adelante, lo que da la impresión de que esa enorme estatua de Buda se te viene encima.

Después de permanecer varios minutos en el templo, seguimos recorriendo el parque de Gifu, un lugar con mucho verde y demasiado bien cuidados, tal como se mantienen todos los espacios públicos en Japón. En ese mismo parque tomamos un nuevo teleférico (se estila subir los cerritos así acá) y llegamos a un lugar demasiado divertido: la villa de las ardillas!!! Era un mini parquecito donde habían miles de ardillas dando vuelta y al entrar te pasaban un guante para que pudieras darle comida sin que te hicieran daño... demasiado tiernoooo!!! Ahí estuvimos un buen rato muertos de ternura tratando de llamar la atención de las ardillitas para tomarles un par de fotos, y después de esa experiencia super salvaje (ajajaja) seguimos subiendo hacia el Castillo de Gifu, una construcción en lo alto del cerro donde se podía entrar, mirar elementos de guerra, armaduras y cascos (todo muy parecido a Shizuoka) hasta que cerca de las 15:00 volvimos al centro de Gifu, donde para variar, visitamos un Book Off. Después de recorrer y mirar toooodos los mangas, libros y miles de cosas, almorzamos en un Mc Donald que estaba cerca (es una opción barata por eso a veces almorzamos ahí) y caminamos hasta la estación, donde a las 18:00 salía nuestro tren hacia Takayama, un pueblo pequeño donde conoceríamos el Japón mas tradicional.

La cosa es que el viaje duro cerca de hora y media y tipo 20:00 llegamos a nuestro nuevo destino. En Takayama teníamos reserva en un Ryokan, un hostal típico japonés donde duermes en el suelo, te sacas los zapatos al entrar, te bañas en tinas calientes y te pones una Yukata al salir, algo así como una bata, pero con la típica forma de los kimonos japos....toda una aventura!!!!!

El problemita fue que al llegar a la estación ya estaba todo oscuro y casi todo estaba cerrado, incluida la caseta de informaciones donde casi siempre pedimos orientación cuando llegamos a un nuevo lugar. Pero como andamos mega orientados con gps, Pato descifro el camino hacia el Ryokan y emprendimos nuestra caminata sin saber que serian cuadras y cuadras caminando con las mega mochilas a la espalda!!!!! Nos queríamos morir, llevábamos como 20 minutos caminando y aun quedaba subir un mini cerrito, donde después de como 10 minutos mas llegamos por fin a nuestro hostal....broma el trayecto del terror!!!!

Lo bueno fue que cuando llegamos, quedamos enamorados del lugar, era demasiado lindo, estaba todo en onda japo tradicional, el piso era de tatami, las piezas con puertas de corredera y todo demasiado igual a las casitas típicas que hemos visto en las películas de Miyazaki. Y lo mejor es que para terminar el día, nos metimos al baño privado para parejas (porque acá los baños son compartidos, de hombres por un lado y mujeres por el otro, pero todos figuran empelota y se bañan sin ninguna privacidad) y nos pudimos relajar en nuestra super bañera calentita. Y mejor aun, al volver a nuestra pieza nos comimos unos ricos cortes de sushi que habíamos comprado en la estación de trenes, una manera perfecta de cerrar la primera noche en Takayama.

Nuestro encuentro con Tomoko


El día comenzó tempranito como siempre. Fuimos a recorrer las callecitas de Shizuoka y llegamos al parque Sampu, donde pudimos ver unas torres de vigilancia antiguas rodeadas de dos fosas que recorrían todo el perímetro, delimitando el área del castillo Sampu, que hoy ya no existe. Seguimos recorriendo el barrio hasta el Sengen-Jinja, un santuario sintoísta donde visitamos varios templos con hermosos detalles en sus muros, puertas y techos, todo esto ubicado en la ladera de un cerro, por lo que la mezcla entre naturaleza y templos era perfecta.

Después de relajarnos un rato perdidos en la paz del templo, caminamos hacia uno de nuestros locales favoritos, un Book Off, que es algo así como una mega tienda de CDs, DVDs y mangas (comic japonés pal que no sabe) que en su mayoría son usados, por lo que los venden a precios increíbles y están realmente impecables. Ademas, a veces la tienda tiene Hard Off que es la parte mas electrónica, donde Pato se queda horas pegado viendo juegos y consolas mientras yo busco libritos de Ghibli, Sailor Moon o cualquier mono japo que me lleve a mi infancia.

Después de unas dos horas adentro del local (podríamos quedarnos mucho mas rato, es demasiado entretenido) fuimos a tomar el bus que nos llevaría al Santuario Toshogu, que estaba arriba de una montaña, por lo que tuvimos que subir hasta la cima en bus y luego tomar unos carritos tipo teleférico para llegar al templo, que en realidad es un gran mausoleo con la tumba de un famoso líder, el "shogun" Tokugawa Leyasu, quien trajo la paz y unidad a Japón después de varias décadas de guerra civil. Generalmente al lado de los santuarios o templos hay museos, y en esta ocasión pudimos ver indumentaria típica de los samurai, como elementos de guerra, armaduras y cascos demasiado bakanes.

Al terminar, bajamos como 1000 escalones para tomar el bus, y aquí se pone divertida la cosa: estábamos esperando cuando de repente una japonesita que parecía de 15 años se bajo de un auto a decirnos con un nulo ingles que nos fuéramos "tugeder" "tugeder" a la estación de Shizuoka y como somos chilenos desconfiados y no entendíamos nada, nos costo un mundo aceptar su invitación, pero terminamos subiendonos en su mini auto, con susto de perder una cornea o un hígado. Resulta que Tomoko (así se llamaba) nos había visto en el templo donde ella trabajaba y cuando nos vio esperando el bus con cara de perdidos, nos recogió y ofreció llevarnos a la estación. Casi morimos de la ternura cuando empezamos a entenderlo todo!!!! Y lo mas tierno, es que mientras manejaba escribía en su celu lo que nos quería decir y con un traductor nos mostraba las frases en ingles...demasiado adorableeeee!!!!! En verdad la amamos, era demasiado amorosa, y entre traductor y traductor pudimos al menos contarle que veníamos de Chile y decirle que había sido muy amable con nosotros. Y lo mejor de todo es que al final, le entregamos una moneda de 100 pesos chilenos que ella al principio se negó a aceptar porque pensaba que le estábamos pagando, pero después entendió que era un gift, o en su idioma, un "giftooo", y al despedirnos nos pidió una foto!!!! Así que ahí figurábamos posando para una selfie con Tomoko que después también sacamos nosotros con ella, para llevarnos un recuerdo de la japonesita mas adorable del mundo mundial!!

Al final del día seguimos paseando, Pato jugo Street Fighter en un local de arcade de la mítica marca Sega, y finalmente terminamos comiendo pizza y tomando unas chelitas en un bar con onda italiana donde nos reímos un montón con dos minas que hablaban como locas y mientras una escuchaba a la otra hacia un ruido demasiado chistoso, como el "aja" nuestro pero el de ella era como mmmmmm mmmmmm todo el rato, muy en onda vacuno.

Mañana se viene nuestro viaje al segundo Buda gigante de Japon, en Gifu. Sayonara!


Felicidad infinita: museo Ghibli


Imposible no empezar el día emocionados con lo que seria una de las visitas mas esperadas de este viaje. La travesía para comprar los tickets de entrada al museo del Estudio Ghibli empezó hace cerca de seis meses atrás, cuando descubrimos que no podíamos comprarlas online desde Sudamérica. Gracias a la paleteada de Ricardo mi primo y su amigo Felipe que vive acá en Japón, pudimos conseguir nuestras entradas para el miércoles 6 de mayo, a las 14:00. Por eso, tuvimos que hacer hora durante la mañana, y decidimos ir a pasear al barrio de Nippori Yansen, donde conocimos un cementerio típico japo y pudimos ver un nuevo templo con un gran Buda a la entrada y lindos senderos llenos de arboles y flores. Luego caminamos entre distintas callecitas hasta llegar al barrio de los gatos, un lugar con muuucho comercio, donde todo era sobre gatos: ropa, accesorios, llaveros, loza, paraguas e incluso queques y helados con formas de gatos. Sin duda uno de los grandes fetiches de estos locos japos.

Entremedio de toda esa locura encontramos un mini lugar para almorzar comida típica y después de llenarnos la guatita de arroz, tomamos el metro rumbo a Mitaka, donde se encuentra el maravilloso Estudio Ghibli.

Hay que decir que en mas de alguna ocasión se nos cayeron las lagrimas de emoción al vernos ahí, en el mundo de nuestros sueños, en el centro de nuestra infancia (adolescencia e incluso adultez), en donde un grupo de dibujantes bajo el liderazgo del tremendo Hayao Miyazaki logro plasmar lo que creemos y sentimos que el mundo debiese ser.

El museo es una gran casona cubierta por una espesa enredadera, con muchos recovecos y lugares para recorrer y admirar. A penas llegamos, nos recibió un gran Totoro a la entrada, un adelanto de lo que encontraríamos en el interior. El primer piso es el mas asombroso. Al entrar, te encuentras con escenas de las películas, con instalaciones que mezclan la animación con las técnicas digitales y cinematográficas para hacerte entrar de lleno en el mundo Ghibli. Con los ojos cargadisimos de lagrimas seguimos recorriendo cada espacio, cada rincón del hermoso museo. En el segundo piso pudimos revisar los bocetos de la mayoría de películas del estudio, Chihiro, Ponyo, Totoro, Porco Rosso, Laputa, El Castillo Andante y tantas otras. En otro costado del museo, los niños saltaban sobre un enorme Gatobus de peluche, mientras en el tercer piso vendían souvenirs de las películas mas famosas. Arriba, en el techo, una representación del robot de Laputa entre plantas y arbustos te hacia sentir dentro de una de sus películas, y para terminar, nuestra emoción fue aun mayor cuando nos dimos cuenta que la entrada al museo te permitía ver un corto animado inédito que programaban al azar. El de ese día era nada mas y nada menos que de Totoro. Ya se pueden imaginar lo emocionados que estábamos, lo mucho que disfrutamos el cortometraje y lo difícil que fue contener una vez mas las lagrimas frente a la pantalla. Realmente tuvimos mucha mucha suerte!!

Después de volver a recorrer cada espacio, de sentarnos a contemplar el entorno y poder creer que realmente estábamos ahí, en el lugar que mas queríamos visitar, emprendimos el viaje de regreso con el corazón gordito y uno que otro souvenir.
Camino al metro, nos alcanzo una canadiense que también había estado en el museo y que se nos pegoteo seguramente para no perderse. Se llamaba Shannon y era muy simpática, hablaba hasta por los codos en un ingles flash que igual lográbamos entender, por lo que el viaje de regreso fue de lo mas entretenido e internacional.

Ya en el hotel, recogimos nuestras mochilotas de viajeros y dejamos las mega maletas para empezar el viaje fuera de Tokyo. Nuestra primera parada seria Shizuoka, viaje que realizamos a través del Shinkansen, el tren bala, que recorrió un poco mas de 200 kilometros en una sola hora, ultra rápido! El tren se parecía a un avión, era muy cómodo y te atendía una pseudo azafata que te vendía comida y bebidas, aunque también podías comprar en la estación unos platos hechos para los viajeros, con comida típica, arroz, pollo, etc. El nuestro estuvo delicioso, y en un abrir y cerrar de ojos ya habíamos llegado a la estación de Shizuoka, desde donde caminamos cerca de seis cuadras hasta nuestro nuevo hotel, tan cómodo e impecable como el anterior.





miércoles, 6 de mayo de 2015

Tokyo increíble!!!


Los desayunos en Japón son una cosa muy rara, pero como están incluidos y nos sirven para ahorrar, todo vale. El menú es algo así como arroz (obvio), repollo con zanahoria, unos fideos raros, sopas y a veces unas bolitas de carne tipo albóndigas. Lo bueno es que te dan toda la energía necesaria para resistir muchas horas recorriendo antes de volver a sentir hambre.

El segundo día en Tokyo empezó con un viaje a Shinjuku, un sector tipo provi o Las Condes, con muchos rascacielos, hartos locales para comer y mucho movimiento. El atractivo principal -o al menos a lo que nosotros queríamos ir- era el gobierno metropolitano, algo así como la intendencia, pero en un edificio gigante donde se puede subir gratis al mirador en el piso 45, desde donde se ve una panorámica en 360 de una buena parte de Tokyo.

Después de recorrer un rato, volvimos a tomar el metro ahora hacia el parque Yoyogui, pero antes de llegar tuvimos que cruzar por una zona de grandes tiendas de ropa donde el desfile de japos exóticos era impresionante. Había para todos los gustos: japonesitas vestidas como niña bien, con arito de perla, blusas, faldas hasta las rodillas, calcetines cortitos y zapatillas (acá casi todos ocupan zapatillas tipo converse o vans); japos ultra fashion con los pelos teñidos y ropas exóticas y apretadas; las dirty japos, con faldas mega cortas, mega tacos y mucha pintura en la cara; los que van en un yate, con poleras ralladas azul y blanco, pantalones blancos y mocasines; los puketas-góticos, vestidos de negro apretado y con cara de malos y los típicos otakus vestidos con la ropa de su anime favorito, algo así como los ñoños que van al eurocentro.

La masa humana de japos era tan grande que durante un buen rato intentamos salir del caos y encontrar un lugar para almorzar sin tener que hacer colas enormes (acá se hacen colas para todo), hasta que por fin descubrimos un super restaurante de hamburguesas hawaianas donde sonaba música polinesica, habían palmeras al interior y se veían en la tele las imágenes de las playas calentitas de la costa Hawaiana. Una experiencia acorde al sector freak en el que nos encontrábamos.

Después de comernos nuestras super hamburguesas, recorrimos algunos locales temáticos, de artesanía y de distintos juguetes y nos fuimos directo al parque Yoyogui, que si bien estaba solo cruzando la calle caótica, la paz y el silencio cambiaban inmediatamente el ritmo y te invitaban a conectar con la naturaleza.

El parque es hermoso, esta rodeado de muchísimos arboles y en su interior se puede visitar el santuario Meiji, cuyo acceso esta anunciado por dos enormes totoris (estructuras de madera que indican que estas entrando a un espacio sagrado) y una pared de envases de sake con distintas inscripciones e imágenes típicas japos. Una vez adentro se puede recorrer el templo, que si bien es bonito, es menos espectacular que el que visitamos en Asakusa, pero en contexto, con la naturaleza y el silencio, es una invitación perfecta para salir de las atestadas calles del sector.

Y como si el caos hubiese sido poco, fuimos a Shibuya a ver el mítico cruce de montones de calles, donde nos recomendaron subir al Starbuks a ver como se ve el espectáculo de millones de personas cruzando en pasos peatonales hacia la derecha, izquierda y en diagonal, en una intersección que reúne seis o siete calles y millones de leds luminosos en muchos edificios que te hablan al mismo tiempo. Una locura total, que te hace pensar en lo freak que son los japos y en lo sobreestimulados que están, y sin embargo, siguen cuidando al mismo tiempo sus espacios de recogimiento y oración, en una extraña convivencia entre lo mundano y lo sagrado, como si todo fuera de lo mas natural.

En ese mismo lugar, en un rinconcito entre las miles de personas que entraban y salían del metro, nos encontramos con Hachiko, el mítico perrito que espero a su amo por mas de una década después de su muerte, al que reconocieron con una estatuilla en uno de los muchos cruces de Shibuya.

Y para terminar el día, nos fuimos a recorrer las calles llenas de avisos, imágenes, tiendas de anime, de discos, de juguetes y juegos electrónicos, y terminamos en un barcito tomándonos unas chelas. Fue en ese lugar donde por fin pudimos conversar un poco mas con un oriundo, porque el que parecía ser el administrador nos empezó a hablar en español y hasta nos trajo el mítico moai de pisco Capel, que nos hizo sentir un poquito mas en casa y muy agradecidos con la amabilidad del amigo local.


Al día siguiente despertamos con power para seguir recorriendo lo que nos indicaba nuestro super itinerario, uno de los destinos mas esperados del viaje, al menos para mi: el Daibutsu (Buda) de Kamakura.

Kamakura es una localidad que queda a una hora del centro de Tokyo y que tiene como gran atractivo un enorme Buda en el centro de un templo. El recorrido es genial, pero como siempre, todo estaba llenísimo de gente, que repletaba las estaciones del metro, el tren hacia Kamakura y todos los espacios del templo.

Pero a pesar de eso, la visita fue espectacular. El Buda, con su enorme proporción entremedio de la naturaleza, es realmente un imperdible. Estuvimos contemplándolo durante cerca de una hora, donde nos dimos espacio para relajarnos y bajar un poquito las revoluciones a full que te hace sentir este país.

Después de esta visita, fuimos hacia el templo dedicado a Kannon, un lugar realmente hermoso ubicado en un pequeño monte rodeado de arboles y naturaleza, donde quedamos impactados con la cantidad de esculturas en miniatura que rodeaban uno de los muchos lugares sagrados del templo.

Al volver a Tokyo buscamos un lugar donde almorzar y después de comer un rico menú de comida local, caminamos hacia la orilla del río Sumida para tomar un barquito que nos llevo a Odaiba, una isla artificial que reúne enormes centros comerciales y parques de juegos electrónicos, donde ademas se encuentra el enorme edificio de la TV nipona, que deleita a los visitantes con sus juegos de luces e imágenes de series animadas proyectadas en las paredes de la gigantesca construcción.

Si en la mañana fue mi momento de emoción al ver al gran Buda, ahora era el turno de Pato, quien no daba mas de la emoción de encontrarse cara a cara con el enorme Gundman (un robot de cerca de 20 metros) que levantaron los locos japos afuera de uno de los malls. Ahí nos quedamos viendo como hacían interactuar la historia del anime que proyectaban en una de las paredes con el enorme robot que movía su cabeza y ofrecía múltiples juegos de luces, deslumbrando a todos los japos y no tan japos que boquiabiertos miraban el espectáculo.

Sin duda, un día redondo a nivel espiritual y a nivel ñoñistico, lo que nos hace sentir que este país es perfecto para una pareja como nosotros. Sayonara!!!






domingo, 3 de mayo de 2015

Japón!!!!


Generalmente uno se imagina los viajes a países exóticos casi tan exóticos como son, pero la verdad es que cualquier idea de Tokyo se queda chica frente a la realidad.

Pero antes de entrar al ítem Tokyo, es imposible dejar pasar nuestro breve paso por Qatar sin dedicarle unas pequeñas palabras al enorme aeropuerto de Doha. Sus gigantescas instalaciones se asemejan mas a un lujoso mall que a un aeropuerto: hay un montón de tiendas de ropa carísima, salas para dormir mientras esperas tu vuelo, varios espacios con juegos infantiles, oratorios, esculturas gigantes, salas para ver televisión, restaurantes lujosos, hostelería y quizá cuanta cosa mas, porque en el rato que estuvimos no alcanzamos a recorrer todo, aunque en el ranking de aeropuertos bakanes, este seguro esta en el primer primerísimo lugar.

Como punto aparte, hay que decir que volamos desde Paris a Qatar en el súper mega avión Airbus 380, con doble turbina, dos pisos de asientos y un servicio filete a bordo, todo por la módica suma de 400 lukas aprox, lo que en serio, es muy módico para tanto lujo y comodidad.

El viaje Qatar-Tokyo duro cerca de 10 horas, en las que vimos chorromil películas y comimos como siete veces hasta que tipin seis de la tarde hora local llegamos a nuestro destino final: Japón!!!!

El aeropuerto de Narita no era tan caótico como lo pintaron, el chequeo para entrar al país estuvo perfecto y desde un principio se noto la amabilidad de los japoneses, quienes incluso con poquito vocabulario en inglish estuvieron dispuestos a ayudarnos en todo. El único tema complejo fue entender el metro con sus 27486252775 lineas y 4865625 direcciones, pero finalmente cerca de las 21:00 llegamos por fin a nuestro hotel, el Toyoko Inn en la estación de metro Tawaramachi.

El hotel tiene dos estrellas, lo que en Chile vendrían siendo como cuatro. Nuestra habitación es exquisita, pequeña pero cumplidora. Tiene frigobar, wifi gratis, hervidor para tomar cafecito, tele en idioma exótico, aire acondicionado, y lo mejor de todo, el baño que tiene un water con opciones para lavarte el trasero después de hacer lo que todos hacemos en el baño.... una locura!!! después de reírnos un montón con las opciones de lavado, terminamos el día emocionados y sin poder dormir, esperando que pronto amaneciera para conocer por fin las callecitas y barrios de Tokyo.

Y así fue como a las 7:30 figurábamos despiertos, aun medio cansados después del viaje pero con unas ganas infinitas por salir a conocer. Partimos directo al edificio de información turística, que esta a unas 12 cuadras del hotel, donde pudimos resolver varias dudas antes de empezar con nuestro tour.

Cruzamos, y frente al edificio esta Takeshita Dori, una callecita mega turística con mil tiendas de souvenirs y comida, que termina en el templo de Asakusa, dedicado a la diosa Kannon. No se imaginan lo felices que estábamos metidos ahí, en el corazón de la cultura japo, contemplando cada cosa que pasaba a nuestro alrededor. Fue sentir que por fin lo habíamos logrado, ESTABAMOS EN JAPON, AL OTRO LADO DEL MUNDO!!!!

Tras recorrer el lugar con ganas de comprarlo todo, nos fuimos al parque Ueno, donde vimos varios templos, una laguna, muuucho verde y muucha gente, porque como era domingo estaba llenísimo y acá en japonilandia se estila ocupar a full los espacios públicos que, como todo en esta ciudad, están perfectamente cuidados. Y como ya eran cerca de las 14:00 y teníamos semi hambre, se nos ocurrió comprar un tentempié en una de las tantas mini cocinerias que hay en todos los lugares turísticos. Yo, mañosa y occidental me compre una porción de papas fritas, y Pato, que ya no daba mas de la emoción de estar en su país favorito, quiso probar la comida local y compro unas bolitas de masa rellenas con pulpo que a mis ojos eran realmente wacalas pero que según el, estaban de lo mas bien.

Después de eso partimos a Akihabara, la meca de los ñoños, el paraíso terrenal de Pato, donde están todas las tiendas de juegos de video, consolas, anime y cuanta cosa rara se les ocurra.Yo se que en ese momento, cuando recorría como loco las tiendas de juegos, Pato quería llorar de emoción, pero se controlo para no perder ni un segundo en secarse las lagrimas y seguir viendo la chorrera de juegos y cosas raras que tiene pensado llevarse a casa. Realmente, el éxtasis máximo de un ñoño.

Tras mil quinientas horas viendo juegos de video, pasamos por un Mc Caca a comer una cosita antes de seguir el recorrido hacia el destino final del día: la torre de Tokyo. Como ya somos expertos en el metro (mentira, yo no cacho na pero Pato ya lo domina) hicimos casi todos los recorridos en metro y cuando no cachamos algo aplicamos el lenguaje universal de señas tipo tarzan, que siempre da buenos resultados. Fue así como llegamos a la torre de Tokyo, que es la mini copia de la torre Eiffel, subimos hasta la mitad y vimos la panorámica de la ciudad, pero estábamos tan cansados que no nos dio para subir mas y nos devolvimos al hotel arrastrando las patas pero felices por un primer día que supero todas nuestras expectativas. Sin duda, Tokyo es un destino fascinante y lo mejor de todo, es que aun quedan muuuchos días para seguir conociendo la loca vida al otro lado del mundo.




















Paris día 2!!


Nuestro segundo día en Paris fue como una semana comprimida en 24 horas.

Despertamos temprano y nos fuimos al barrio latino. Frente a la fuente de St. Michelle, comimos un baguette de pollo tal como nos dijo la Dani, en un local de Crepes y Baguettes donde el francés mas simpático de toda Francia nos hablo en español y nos trato con amor. Ahí nos encontramos con Alexandra, nuestra guía española del Free Tour. En ese paseo, vimos Notre Dame, supimos que Enrique IV es el rey mas querido de Francia, recorrimos el Senna, supimos que Enrique IV era protestante, visitamos el Louvre (por fuera obvio), supimos que Enrique IV era medio pedófilo, vimos le pettite Arco de Triunfo, supimos que Enrique IV murió asesinado, caminamos hacia la plaza de la concordia y nos escondimos rápidamente en un cafe, porque a esas alturas la lluvia nos tenia ultra mojados y ya era hora de tomar un cafecito caliente, después de tanto Enrique IV y de tanto museo al aire libre.

Al despedirnos de nuestra guía, compramos el tour a Mont Martre para las 18:00, y como teníamos cerca de tres horas libres, volvimos a la Catedral de Notre Dame para contemplar de cerca y desde adentro su majestuosidad, que nos dejo realmente impactados con el nivel de detalles y la historia detrás de ese enorme icono del catolicismo mundial. Cuando llego la hora de ir a Mont Martre, pasamos por el barrio latino y sus callecitas apretadas, su diversidad, sus kebabs y su música sandunguera al aire libre nos dejaron con demasiadas ganas de volver con mas tiempo a conocer cada rincón de ese divertido sector.

Una vez en Mont Martre, volvimos a encontrarnos con Alexandra, quien nos guió por las empinadas callecitas del sector, contándonos las historias de tantos artistas locos que vivieron sus días de penas y glorias en el sector mas bohemio de Francia.

Conocimos la historia de Toulouse Lautrec, quien a pesar de su buen pasar económico, se enamoro del Moulan Rouge y se quedo en Mont Martre pintando a las bailarinas del cabaret mas famoso del mundo, hasta que un día el dueño lo pillo literalmente con las manos en el óleo y le ofreció pintar los afiches oficiales de su cabaret, los que hoy son tan famosos como el lugar que los vio nacer.

En este mismo recorrido, subiendo hasta el punto mas alto de Paris, conocimos el mítico restaurante de Amelie y la casa de Van Gogh cuando vivió con su hermano. Supimos que hay varias teorías sobre su oreja y que tuvo una extraña amistad con Gauguin, que finalmente lo volvió mas loco de lo que ya estaba, pero que, obviamente, lo hizo pasar por uno de sus mejores momentos artísticos hasta que en 1890 decidió suicidarse.

También conocimos el lugar donde Pablito entregaba sus cuadros a un cura para que le fiara comida, con la promesa de que algún día valdrían millones, algo que ocurrió no mucho tiempo después, cuando Picasso se transformo en el artista que todos conocemos. Muy cerca de ese lugar vimos la escultura del cura sin cabeza, que según dice el mito, camino siete kilometros sin cabeza para ir a  perdonar a su verdugo, y por otro lado, conocimos la historia del burro que pinto un cuadro impresionista con la cola...cosas que solo se cuentan en las divertidas callecitas de Mont Martre.

Al final del tour llegamos a la Catedral de Sacre Coeur, casi tan majestuosa como Notre Dame, donde carramos la segunda jornada de tours express por Paris.

Para terminar el día, cansados y empapados por la lluvia infernal que nos acompaño durante casi toda nuestra estadía en Paris, nos fuimos al bar Prohibido, y terminamos probando todas las cervezas y mojitos del bar, lo que, como es lógico, nos dejo con una tremenda caña al otro día, que partimos en modo flash a ver el Arco de Triunfo antes de abordar un nuevo vuelo rumbo a nuestro destino final: Japón.